No eran mujeres, eran chips

El Commodore Amiga es recordado como uno de los ordenadores personales más audaces desde el punto de vista técnico de la década de los 80s. Sus capacidades gráficas y de sonido estaban años por delante de sus competidores, e influyeron en todo, desde los videojuegos hasta la producción musical y el arte digital.
En el corazón de la máquina había tres chips personalizados —Agnus, Denise y Paula— cuyos nombres han despertado durante décadas curiosidad, especulación y leyenda. ¿Por qué componentes de hardware tan críticos tenían nombres humanos? ¿Formaban parte de una estrategia deliberada de contrainteligencia o eran simplemente el resultado de la cultura de los ingenieros y de bromas internas?




















“Estamos en Berlín, Alemania, en el año 1.928. Erna Halbe de diecinueve años de edad, trabaja en una gran empresa junto con otras diez jovencitas como mecanógrafa. Ocho horas al día se encuentran sentadas delante de su Orga Privat, mientras realizan su trabajo escribiendo miles de documentos. Sus días pasan en la gran metrópli, llenas de sueños y en búsqueda de oportunidades, con miedo por poder perder su puesto de trabajo, esperando que las ochos horas pasen lo antes posible en esa sala, y poder salir al mundo exterior. (Basado en la novela de Rudolf Braune "Das Mädchen an der Orga Privat", nacido en 1.907 en Dresde)”






















































